miércoles, 2 de junio de 2010

Como la vida misma, una gran tragedia.


Allí se encontraba, parado, inquieto, ausente de sus pensamientos, esperando, esperándola, el tiempo pasaba y ella no acudía, ella le amaba más que a nada y el lo sabia o al menos eso creía...supuso que solo se retrasaba, y continuó a la espera, cada vez más inquieto pero seguía sin venir, su corazón latía cada vez más rápido de la impaciencia, pero que le importaba si ella le amaba demasiado como para no acudir, asi que persistió e insistió en permanecer en el lugar, el tiempo corría y el reloj comenzó a ir cada vez más lento...hasta pararse, creyó que si se marchaba y ella no estaba ya no volvería, decidió permanecer aun sin saber si llegaría, pero todo apuntaba a que no lo haría, pensó que la esperanza le salvaría...al cabo del tiempo el chico yacía en el suelo, quieto, inmóvil, sin pulso...le sucedieron mil tempestades, continuamente rodeado de bestias y animales, sin nada en que apoyarse, excepto su esperanza...y nada pudo destruirle ni sesgarle la vida...al final lo que acabó con el fue su amor, la desesperanza, la desilusión...la presión era tal que su pobre corazón no lo soportó y decidió pararse, allí caído se encontraba, tristemente herido, tristemente dolido...y llegó ella, le vió, le besó y con otro marchó.

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